Todas las entradas por Donovan Rocester

(Guayaquil, 1989) Es Ingeniero Comercial y Empresarial, docente, cuentista y poeta. Trabaja como editor general en Editorial Sabotaje y como coeditor en Salto al reverso. Ha publicado cuentos y poemas en revistas y antologías de Ecuador, Chile, México, España e Inglaterra. Actualmente se encuentra en el proceso de revisión de su primer libro de cuentos «Veintiún ojos que te observan», ilustrado por Blacksmith Dragonheart. Regularmente publica fragmentos de su libro «La academia del sol» en donovanrocester.com

La noche de la verdad

Originalmente publicado en: Revista Salto al reverso #6

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Imagen por: Kristaps Bergfelds

Cierta noche, Alejandra recibió una extraña carta en su buzón. La carta decía: “Sé que llevas tiempo preguntándote por qué vives y a dónde vas. Si quieres saber las respuestas, te espero a medianoche en la azotea del edificio del frente”.

Alejandra quedó intrigada por aquel extraño mensaje. Era cierto, sin duda, que aquellas preguntas habían estado dando vueltas en su cabeza desde hacía ya mucho tiempo. Sobre todo desde la muerte de su hermano. ¿Pero cómo pudo haberse enterado aquella persona? ¿Cómo pudo saber cuáles eran exactamente las preguntas existenciales que le intrigaban?

Pasó todo el día siguiente pensando, considerando si acudir a la cita o no. Llegó a pensar que era una trampa, después de todo siempre tuvo dudas sobre si la muerte de su hermano realmente había sido un suicidio. ¿Y si fue un homicidio? ¿Y si la persona que envió la carta estaba directamente relacionada con ello?

Cuando llegó la noche en cuestión, Alejandra decidió no ir. A la mañana siguiente se fue a trabajar. Durante todo el día la embargó la sensación de haberse perdido de algo, como si encontrarse con aquella persona fuese realmente importante. Pero racionalizó y se convenció de haber tomado la decisión correcta.

Al llegar a su casa por la noche, otra carta le esperaba. La carta decía: “¿Aún piensas que fue una buena decisión no vernos? Tu hermano pensó lo mismo cuando recibió su carta. Él asistió al tercer y último llamado. Este es el segundo llamado para ti: entérate de la verdad. Te espero a medianoche en el edificio del frente.”
Alejandra se llenó de emociones en conflicto, una mezcla de rabia e intriga. ¿Y si sus sospechas eran ciertas?

Decidió ir. Durante la cita no pasó nada fuera de lo común. El remitente le habló alrededor de veintiún minutos y Alejandra regresó a su casa. En esa conversación se enteró de por qué el ser humano vive y a dónde va. Aquella noche Alejandra se suicidó.


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Energía prestada

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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«Ogień» por Artur Rydzewski (CC BY-SA 2.0)

Decadente y apagado

mi cuerpo pide energía

prestada al mejor postor.

No cuestiono, acepto

el don que me otorga

la oscuridad que me habita.

Luces rojas brillan,

el reloj es superado

y el cuerpo sacrificado.

Y solo escucho estas palabras:

“Todos los días es de noche”.

“Yo solo sé morir”.

El festín de los escondidos

Originalmente publicado en: Blog de Salto al reverso

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“Wasp nest sculpture”, (CC0)

Cierto día, un objeto enorme empezó a orbitar alrededor de La Tierra. Aquel objeto parecía ser una gigantesca nave en forma de insecto. Sin embargo, no se trataba de una embarcación sino de una gran entidad extraterrestre conocida como La Reina, un ser insectoide de casi tres mil kilómetros de largo adaptado al vacío del espacio y capaz de viajar grandes distancias albergando a millones de seres en su interior.

***

—Rachel, Rachel —dijo la apurada y asustada madre—. ¿Me escuchas? Debemos huir al búnker.

La niña estaba muy perturbada por lo que acababa de ocurrir. A lo lejos se podía ver como, desde adentro de un insecto gigante, brotaban millones de otros insectos de casi tres metros de altura. Los noticieros reportaban eventos similares en prácticamente todos los lugares poblados del planeta.

***

Aquella raza extraterrestre estaba repitiendo en La Tierra el mismo proceso de cada invasión. Cuando La reina detectaba un planeta con alta concentración de seres vivos, se colocaba en órbita durante algunos días analizando el terreno. Para ello, usaba manifestaciones del espectro electromagnético. Una vez estudiado el objetivo, La reina lanzaba hacia la superficie cierta cantidad de insectos más pequeños. Estos insectos, conocidos como Los zánganos, medían casi cien kilómetros de largo. Cada uno de Los zánganos tenía asignada una zona poblada para despojarla de toda la materia orgánica posible.

Para la tarea de recolección estaban Las obreras, que se dedicaban a transportar a su destino a cuanto ser vivo se cruzara en su camino. Una vez terminada la recolección, Las obreras vuelven a cada uno de Los zánganos y éstos abandonan el planeta para volver al cuerpo de La Reina. Ésta se mantiene orbitando el planeta mientras Las obreras organizan y colocan preservantes a toda la materia orgánica recolectada para alimentar al enjambre que vive en su interior. Durante ese proceso, La reina continúa escaneando el planeta hasta determinar el momento preciso para recompensar a Las obreras con algo que, traducido a lengua humana, sería como El festín de los escondidos.

***

—Rachel, ¡presta atención! —La madre acarició la cabeza de la asustada niña hasta calmarla—. Eso, ¡muy bien! Vamos, repite lo que dijo mamá.

—No debo salir ni abrir la puerta hasta que oiga que me llamas desde afuera —repitió la niña entre sollozos.

—Eso nena, ¡muy bien! ¿Qué más? —respondió la madre, aliviada de haber retomado el control de la situación.

—No le voy a abrir a nadie que no seas tú—respondió la niña, ya resignada a quedarse sola por casi doce horas como cada vez que su madre salía.

—Eso nena, muy bien. No olvides nuestra clave secreta. Yo ya regreso, iré por comida.

 ***

El festín de los escondidos es una celebración diseñada para satisfacer los deseos primarios de Las obreras, que tienen prohibido comer porción alguna del material recolectado. La reina, usando las mismas manifestaciones del espectro electromagnético, altera las ondas cerebrales de los seres que, manteniéndose ocultos, lograron sobrevivir al proceso de recolección. Las ondas de La reina  se manifiestan como alucinaciones muy significativas para el que las sufre.  Tienen como objetivo hacer que el individuo afectado salga de su escondite para ser devorado por Las obreras que, en un incontrolable frenesí asesino, devoran violentamente todo aquello que se encuentre en su camino.

***

—Nena, nena. Ábreme, ya regresé.

—¿Eres tú, mami? Dime la clave —pregunta la niña, aún llorando por el encierro y la soledad.

—Sí, bebé. Soy yo. La clave es postre.

La niña, creyendo oír la voz de su madre pronunciando la clave secreta, abrió la puerta. Las obreras entraron y murió devorada por ellas.

La nostalgia

I
La Nostalgia es una pequeña alimaña.

La Nostalgia no es una santa ni mucho menos.

La Nostalgia nace con nosotros,

es como una calaverita creciéndote en el hombro izquierdo.

II
Si tu nombre empieza con jota, estás acabado.

La Nostalgia es como La Muerte, pero vestida del Jack de espadas.

La Nostalgia usa la jota como anzuelo y empieza a pescar en tus recuerdos.

La Nostalgia, como pescadora, tiene una maestría excepcional.

III
Apostada en un botecito negro con bandera de pirata

está La Nostalgia agitando su caña.

Fumando en su pipa con forma de ojo,

está La Nostalgia pescando recuerdos.

Pica la historia de tu último amor,

y entonces La Nostalgia come.

Y come deprisa, como bulímica.

También vomita luego del frenesí.

IV
Las aguas del lago de tu hombro izquierdo se contaminan de bulimia emocional.

Aguas sucias producen sentimientos enfermos,

los peces muertos del lago se pudren mientas La Nostalgia ríe.

Los olores fétidos en el ambiente se vuelven depresión.

V
Un espasmo en la pierna izquierda te dice que el lago se rebosó,

que el cuerpo somatiza tanta ansiedad.

Y entonces recoges el anzuelo que La Nostalgia dejó como ancla de su bote

…y te lo fumas, o lo bebes, o lo inhalas,

te lo inyectas, o lo lloras, da igual.

VI
Y te transportas a ese planeta que es todo mar.

Y flotas sin esfuerzo, como si volaras en el espacio.

Y oyes tu propia voz desde el cielo,

sonando en todo el planeta. Tu voz es la voz de un dios.

Y te dices a ti mismo, flotando en un mar sin sal, con un sol que no quema:

“El mar infinito es el cielo.”

VII

Y despiertas un día lunes…

teniendo que regresar a tu prisión con forma de oficina.

La jeringa

Cierto físico cuántico estaba trabajando en una máquina del tiempo. En las pruebas de su máquina logró viajar con éxito al futuro. No pudo ver mucho, porque solo estuvo veintiún segundos allí.

A poco tiempo de su regreso , el físico enfermó gravemente de una fuerte infección. Los médicos, con mucha dificultad, controlaban los síntomas. Pero la infección no hacía más que empeorar. La bacteria mostraba resistencia a todos los antibióticos que se le administraban.

El físico, ya resignado a la muerte, regresó a su casa. Esperando el momento de su partida, acostado en su cama, se durmió. Un ruido lo despertó a las tres de la mañana. Abrió los ojos y no halló nada raro, hasta que se fijó bien. En su mesita de noche encontró una jeringa con una nota que decía: “Viajar al futuro es peligroso para un sistema inmune no preparado. Inyéctese este antibiótico y haga el favor de no volver”.

El físico sanó y cambió de profesión.