Archivo de la etiqueta: amor

Las relaciones como espejos

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿Cómo me veo a través de lxs demás? 🔎👓

Un espejo muestra reflejos; emana una imagen que no es suya sino de quién se le pone la frente. De la misma manera, quienes te rodean te muestran lo que eres, haces o tienes, sin importar si sabías de su existencia o si te gusta verlo.

Las relaciones de pareja hacen eso: nos “enfrentan” con nosotrxs mismxs de formas y a niveles que no experimentamos tan fácilmente en otros ámbitos, con el potencial de ayudarnos a evolucionar en el proceso. ¿Qué tanto aprovechas eso? Pues depende de tu apertura a lo que la vida tiene para compartirte a través de estos y otros cómplices.

Eso y más, en nuestro episodio 11: “Relaciones como espejos”, con Ile Miranda.

La analogía de la vida como un videojuego me encanta. Siento que hay “pruebas” o aprendizajes que se nos asignan en cada nivel y que, mientras no descubramos nuestra propia estrategia para superar ese nivel, nos tocará repetirlo ad infinitum. Una vez que descubrimos dicha estrategia, nos encontramos en el siguiente nivel con nuevos aprendizajes y retos que funcionan bajo la misma mecánica de los anteriores.

En ese proceso, la vida (el Universo, Dios, etc.) nos deja ayudas “sutiles” en el camino; algo así como el pasadizo “secreto” de Mario Bross que lo conduce hacia la habitación de moneditas. Estas ayudas se pueden aprovechar para ganar puntos o sumar “vidas”; para acelerar los aprendizajes que tenemos en marcha.

Durante nuestra transmisión en vivo y en la producción del consejo no pedido de la semana, Taty y yo coincidimos sobre la idea de que las relaciones con todos los seres de la naturaleza tienen este potencial. No obstante, mientras su experiencia le dice que las enseñanzas de las relaciones de pareja se pueden adquirir con la misma “facilidad” en otros contextos (familia, amigxs, colegas, etc.), yo las he vivido como un curso intensivo, como un fin de semana largo (con día festivo), que combina una pésima conexión a internet y un decreto de cuarentena obligatoria en el que no tienes opción sino desempolvar tus videojuegos y practicar.

Y como todo lo que vivimos se percibe desde el filtro que le ponemos, tanto el fin de semana de encierro como nuestras relaciones pueden tomarse como algo lamentable, fruto de nuestra pésima fortuna, o podrían aprovecharse como la grandiosa oportunidad que representan. No es fácil ver recordar que el exterior solamente refleja nuestro interior cuando nos enoja algo de nuestra pareja (o contraparte de cualquier tipo), cuando perdemos la paciencia por algo que no deja de repetirse o cuando lo que hacen desde afuera nos lastima. Sin embargo, siempre tenemos esa perspectiva como opción. Una opción que puede darle un poco más de colores a la vida, paz a las turbulencias y propósito a nuestro contexto. 

Para finalizar, les dejo las conclusiones de la semana:

1) Tus relaciones son un regalo ¡Aprovéchalas! 

2) Tus relaciones reflejan tus necesidades de aprendizaje, si hay algo de estas que no te funciona, ¡Obsérvate!

3) Tus relaciones reflejan tu propia evolución ¡Celébralas!

¡Hasta la próxima!

“Poli-amar”

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿Y si intentamos amar desde la libertad?
Nos han convencido de que las relaciones, y más aún las de pareja, deben verse y sentirse de formas específicas. Los cuentos del “vivieron
felices por siempre” borra del mapa todo el trabajo personal y conjunto que requiere sostener una pareja en el largo plazo. El heterocentrismo, el machismo y otros esquemas nos han limitado a una opción única de lo que es una pareja.
Abrirnos a ideas distintas, aunque asuste, es parte del crecimiento personal y de que, finalmente, estamos aprovechando la libertad que podemos despertar con la adultez. Esto y más, en nuestro episodio 10 sobre el poliamor, con Angie Aldana.



Hace unos días presentamos el significado de poliamor y comentamos por qué nos pareció interesante. Hoy quiero compartir mi perspectiva, mi intención sobre cómo poli-amar. Para iniciar, el prefijo griego “poli” otorga el significado de ‘abundancia’ y ‘pluralidad’ a los sustantivos o adjetivos que acompaña. La palabra amar puede tener muchas definiciones, pero la que manejamos tanto en el consejo no pedido de la semana, como en nuestra transmisión en vivo se centra en la libertad.

Libertad para estar, dejando a un lado todo tipo de presión; para ser, sin importar la situación; para crecer, cualquiera sea la dirección; para sentir, sin límites, sin moderación; para disentir, sin que se tilde de traición. Empieza a poli-amar en tu relación contigo, porque las primeras barreras que te detienen y limitan, que te impiden vivir la libertad para ser, estar, crecer, sentir y disentir, son las que tienes en tu mente. Y como dicen por ahí, no se puede dar de lo que no se tiene.

Exploremos otra perspectiva. Hay ocasiones en las que ciertas actividades, personas o situaciones que me causan sentimientos encontrados: mi imagen, mi trabajo, mis hobbies, mi tribu, ¡todo! En algún momento, todo eso me ha causado confusión por la diversidad de emociones que me causan. No sé si es tu caso, pero creo que esa pluralidad de emociones también es una expresión de poli-amar.

Finalmente, aprovechando la época del portal 8-8, quiero recordarme y recordarte que poli-amar es que también darte el chance de volver a empezar. Es confiar en la abundancia de tu poder, de tu escencia para ser todas las versiones de tu que se proponga y por las que trabaje. Es confiar en tu capacidad de amarlas y abrazarlas, más allá de los resultados y de tus expectativas sobre ellas.

Hidenburg 1937

Ahora que no estás, pienso en esos días en los que vivimos juntos, y recuerdo con cariño aquel viaje trasatlántico que hicimos a Nueva York en 1937. Tan jóvenes e ingenuos, en esos días creíamos que el amor era la fuerza motora del planeta, capaz de llevarnos una mañana hasta la luna y aterrizarnos frente al Hudson, para darnos el tiempo suficiente de beber ginebra en esos bares del puerto de Manhattan que tanto te gustaban.

Yo te recuerdo muy bien. Ese día vestías una gabardina que hacía juego con una bonita boina morada. Llevabas un bolso rectangular, pequeño y negro, zapatillas también negras con punta de bruja y la gargantilla color rosa que de utilizaste durante nuestro último baile. 

Recuerdo que en ese año peleabas con tu madre por tu cabello corto y juró no volverte a hablar si te ibas a Estados Unidos conmigo. Se enojó un tiempo y a mí no me dirigió la palabra por cinco años más, pese a haberte perdonado. Pero todo lo valió. Verte bailar en nuestro pequeño departamento de diez metros cuadrados valió todo el desprecio de tu madre.

Añoro tu risa. Más ahora que nunca. Esa risa que callaba a los jazzistas, que enmudecía a los marinos, que sobornaba a los policías. Esa risa ridículamente hermosa.

También recuerdo la noche anterior a la catástrofe. Bailábamos desnudos frente a la ventana de nuestro cuarto, mientras nos susurrábamos  «Let’s do it» y nos besábamos cada que el aliento nos lo permitía.

Fue en mayo de ese año, cuando sabíamos que el amor era fuego y nos quemaba, que una chispa nuestra voló al cielo e incendió el firmamento, en una horrorosa fiesta de juegos pirotécnicos alemanes, cuando el Hindenburg se hizo cenizas, mientras tu y yo, pirómanos románticos, hacíamos el amor.

LLUVIA DE FEBRERO

Hubiésemos tomado las palabras no alcanzadas de nuestras bocas para sumergirnos. La lluvia, el pajarito, el libro y Vicentico. Todo tibio como la tierra húmeda, mirando el salado desde una mesita chueca, todo apolillado y casi perdido.

Y la vida sonreía debajo de los cristales que obsequiaba el cielo y el corazón partido con cada gesto. Todo no es desaliento, he dicho que la vida sonreía en aquel momento. Y no contenta con eso, silenció el murmullo y me lo puso en los ojos. Atolondrada mirando el vacío mientras él estimulaba su cerebro, y su corazón inmune para el mío decadente.

« Estoy triste » me decía mientras veía el fondo de la botella. Pero así es la cosa. Al rato la vida de mis labios que sonreía nombraba sin nombres y el corazón se seguía doliendo. « tengo una rabia retenida » dije enseguida y ya no más. Sorbo directo a las venas y al olvido que se levanta a las 6am.

Parece que nadie entiende, parece que Nadie ha desaparecido entre el manto gris de la ciudad, y él en su momento glorioso de tranquilidad frente a mi inquebrantable e impredecible alma. Y yo en un tumulto de emociones retenidas, queriendo ponerle cualquier concepto a lo que se llamase amor.

Me había dicho cabreado que escribiese, o que le escribiese. Pero de hacerlo, como ahora, solemnemente el alma se agita como cuando solo ella siente y sufre por un placer ambigüo. Y para variar amanecí triste y de lado de la mort. Para variar las horas se hacían eternas antes de la despedida. Tal vez la última de mi ingenuidad arrebatada.

Tal vez, porque a la mort le gusta jugar y yo siempre pierdo. Porque la mort me llama y yo le pierdo. Porque la mort va conmigo y yo me pierdo.

METÁSTASIS

¿Cuántos cuerpos han dormido

a un costado de mi cama en este invierno perpetuo?,

y, ¿cuántos besos se han caído

al suelo por el peso del amor?

No basta con desear ver

una golondrina en mi cabeza,

ni bastara si flores azules cubrieran mi boca.

Yo que no espero, te pienso

Yo que nada espero, te extraño.

El misterio de la calma,

el karma que ha muerto,

se marchita el alma

y no entiende que mi palabra es un error.

Ya sé que con la noche viene el sexo

y que con el amanecer el abrazo,

y que hay drama al filo de la puerta porque te has ido,

y que llora la cama

y que se calla la risa porque la eternidad

se ha desvanecido con las luces del auto.

He caído en el espacio abierto que dejó tu boca,

yo que nada espero, te beso

yo que ya nada espero, te quiero.

Mi palabra es un error.