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Diciendo que no

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

Uno de los monosílabos más satanizados es el NO. Se concibe como representación negativa, como un impedimento o una restricción, no solo para quien lo recibe sino también para aquel que lo da.

En el episodio de esta semana, el tercero de la miniserie sobre la culpa, Carolina Farias, editora de la revista virtual “La Dosis” nos cuenta cómo ha aprendido a desmitificar los límites y a decir “No”. En su adultez, eso la ha ayudado a vivir una vida plena, cada vez más auténtica.

¿Por qué cuesta tanto decir que no?
Si tengo claro que, al aceptar cosas o situaciones que no sintonizan con mi ser, estoy negándome la posibilidad de vivir plenamente, resulta inconsistente que lo siga haciendo.

Sin embargo, detrás de mis decisiones hay paradigmas de los que no soy del todo consciente. Las situaciones que me son incómodas normalmente se sienten así porque me generan algún tipo de contradicción; y estas contradicciones, a su vez, están allí para mostrarme mis inconsistencias. Una posibilidad es ir descubriendo con el paso del tiempo, eventualmente, de qué se trata cada una. La otra es tomar el volante y procurar, activamente, dicho descubrimiento. Aquí comparto las conclusiones a las que llegamos con nuestro episodio y la transmisión en vivo sobre el tema:

1. Como la vida requiere de balance,  aprender a decir “no” es tan necesario como saber decir “sí”. A veces, negarnos a hacer algo significa dar un “si” a nuestra libertad, “si” a poner límites, “si” a ponernos como prioridad.

2. Mi respuesta solo será asertiva si estoy conectadx con mi ser, con lo que este busca o prefiere. Si no tengo claro qué quiero o hacia dónde quiero ir, ¿cómo puedo elegir entre las alternativas que se me presentan?

3. Los contextos en los que más me cuesta decir que no son, precisamente, en los que debería empezar a “practicar”. No hay receta, pero tal vez convenga elegir avances de un tamaño que no sea paralizante sino que me ayude a ser constante y sostener esos avances en el tiempo.

Y tú, ¿Has trabajado activamente para mejorar esta relación? De ser así, ¿Qué te ha funcionado? Te invito a compartirlo en los comentarios, alguien puede aprovecharlo y agradecerlo.

Intimidad en las finanzas

Publicado originalmente en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

Dicen que nunca terminamos de conocer a las personas, incluyendo a nuestras parejas. Dicen también que hay cosas que solo se conocen con la convivencia diaria. De cualquier forma, mostrar nuestras finanzas y permitir que otra persona tenga injerencia sobre ellas no es una tarea sencilla.

En el episodio 6, conversamos con Juan José Salcedo sobre sus experiencias y recomendaciones para facilitar la transición de una planificación financiera personal a una de pareja o familiar.



Como cada jueves, en nuestra transmisión en vivo conversamos sobre nuestras experiencias alrededor del tema y las conclusiones que nos llevamos del episodio. Estas incluyen:

1.- La transición de finanzas individuales a una concensuada como pareja no es fácil. Pero precisamente la incomodidad del tema hace que sea necesario manejarlo cuanto antes. De no hacerlo, se parecerá a una bola de nieve que va creciendo con cada vuelta que da al caer de la montaña… Cuando llegue al piso y tratemos de hacer algo, puede ser muy tarde o muy costoso.

2. La mejor estrategia es la que se construye conjuntamente. No hay recetas únicas que funcionen para todas las parejas. No hay procesos infalibles para todos los casos. El manejo de las finanzas en pareja tiene que ver con factores culturales (concepciones sociales) y personales (paradigmas), y como tales se pueden rediseñar y reconstruir.

3. Comunicación. Si hay alguna recomendación que puede pensarse transversal, es esta. Las sugerencias para que el proceso de comunicar involucre menos tensión o incomodidad, incluyen la creación de un espacio cómodo y seguro que invite a la apertura de ambas partes, y la asociación de “niveles” de intimidad financiera a hitos en la relación (por ejemplo, el cumplir un año de novios, el momento en que deciden vivir juntos, el momento en que deciden comprometerse, etc.).

Sobre esta última, mi anécdota más reciente sucedió apenas hace dos días. Decidimos irnos de viaje familiar. Conversamos sobre todo —hora de salida y regreso, actividades varias y hasta las prendas que vestiríamos–, pero no hablamos de dinero: todos asumimos que el otro llevaba efectivo. El tema surgió cuando estábamos por llegar y, aunque nos dimos cuenta de que no teníamos suficiente efectivo entre los tres para lo que teníamos planeado, pensamos que no sería problema ya que asumimos —si, nuevamente— que en nuestro destino habría un cajero automático.

Pero cuando llegamos, nuestros temores —hasta ese momento casi inexistentes— se confirmaron: no había cajeros automáticos, ni tiendas con servicios de corresponsalía no bancaria, y nadie aceptaba transferencias a cambio de efectivo.

Aunque disfrutamos muchísimo del viaje, y a pesar de que finalmente si nos alcanzó el efectivo para el almuerzo 🙈🙈, la situación pudo ser más compleja. Una mención, una simple conversación sobre el tema pudo evitar un mal rato. Así que mi invitación adicional es: por favor, ¡no asumamos!


Finalmente, entre los anuncios de la semana, aprovecho para compartirles que desde este episodio introdujimos una nueva sección de transmisión en vivo: Check-in – Reportando avances. La idea de este espacio es empujarnos a tomar acción sobre lo que descubrimos con los episodios. ¡Nos encantaría que nos acompañen!