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¿Cómo decides qué, cómo, cuándo y cuánto comer?

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

Hay ideas sobre la alimentación que se nos han transmitido de forma explícita. Por ejemplo, que debemos incluir frutas y verduras en nuestra dieta diaria o que las porciones deben adecuarse a nuestro gasto calórico. Hay otras que se nos han heredado de forma implícita, incluyendo las que se vinculan con la culpa. Y para complicar un poco más las cosas, detrás de la instauración de conceptos sobre lo que es adecuado y lo que no, hay emociones que definen cómo nos relacionamos con esos conceptos.
En este episodio, Kendra Carrión Vivar nos presenta potenciales vínculos entre nuestras perspectivas alrededor de la alimentación, la religión y la sociedad.

No importa el día, el lugar en el que estés, el estado de ánimo en el que te encuentres o tu condición socioeconómica: tu cuerpo necesita energía. Si bien la alimentación no es la única fuente, es la más importante. En culturas distintas se promueven una diversidad de prácticas y paradigmas alrededor de la alimentación, algunos de los cuales pueden resultar contradictorios: que si se debe comer mucha proteína animal o ninguna, que si se deben seguir horarios fijos o adaptados a lo que el cuerpo “pida”, entre otros.

Pero más allá de los detalles de cómo elegimos la composición de nuestros platos, con el episodio de esta semana y la transmisión en vivo correspondiente nos enfocamos en las ideas detrás de estas elecciones, principalmente en aquellas sobre las que no hemos decidido sino que nos han sido “heredadas” sin que nos demos cuenta. Una de estas herencias es la culpa; aunque viene del cristianismo, se ha expandido a muchos otros espacios, enfatizando en la alimentación.

Aquí algunas reflexiones y conclusiones al respecto: 

– Mi elección de cómo y qué comer depende de paradigmas explícitos e implícitos (como la culpa). Puede sonar a exageración, especialmente si ni siquiera practicamos activamente las consignas de alguna religión, pero aquí van algunos ejemplos: hay culpa detrás del no querer comer cuando chicxs y nuestros padres o madres nos “recuerdan” que hay quienes no tienen qué comer y, por tanto, es nuestra responsabilidad hacerlo; hay culpa cuando nos apetece comida chatarra en medio de un proceso para bajar de peso o de vivir de una forma más saludable; hay culpa, en los días en que a las mujeres se nos alborotan las hormonas, solo nos place comer dulces; y, hay culpa también cuando por bajones en estados de ánimo no queremos comer. Así que, con o sin invitación, pareciera que la culpa si hace presencia en nuestra alimentación cual arroz con pollo en toda fiesta.

– Para y observa. ¿Qué ideas definen tus decisiones? ¿De dónde provienen? ¿Te siguen funcionando? Así como la culpa, seguramente hay otras emociones y pensamientos escondidos detrás de lo que hacemos. El problema no es que estén ahí, el problema es que lo hagan sin que nos demos cuenta y que decidan por nosotrxs, o que los hayamos utilizado por tanto tiempo y pretendamos seguir haciéndolo aunque ya no sirven más. ¿Te lo has preguntado antes?

– Las “recomendaciones” no siempre te funcionarán. Escucha a tu cuerpo. Busca ayuda profesional de ser necesario. Como siempre, habrán muchas opciones y cada persona te recomendará lo que le funcionó. No obstante, lo que realmente importa es cómo nos sentimos al ponerlas en práctica (de decidir hacerlo). Nuestra sabiduría interna normalmente nos envía luces sobre lo que nuestro cuerpo necesita y lo que nos hace bien, démosle crédito y tratemos de escucharla. ¡Nos puede sorprender!

Para finalizar, solo quería recordarles que este episodio es el primero de la miniserie sobre la culpa. La siguiente semana conversaremos sobre la culpa y su relación (o no) con la búsqueda personal de nuestra versión de espiritualidad.

Es el turno de la estructura – la versión de Kle

Fotografía: Klelia Guerrero García

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Y llega la segunda versión: el quiebre de estructuras, la sensación de vacío. Entre mis confesiones se incluyen los cambios más fuertes e importantes que viví durante la primera temporada y, por supuesto, lo que queda por trabajar.

Esta es nuestra segunda semana de episodios especiales, generados como apertura a la segunda temporada de Adultez Verde podcast. Como es usual, les comparto algunas reflexiones sobre las conclusiones del episodio y la transmisión en vivo:

– Eres un material en construcción, aprovecha ese potencial. No se trata de echar las cosas por la borda todos los días cediendo ante las dificultades que cualquier decisión implica. Todo lo contrario. En función de lo que decidas tuyo, de tu postura ante la vida y del valor que quieres compartir, tienes la capacidad de reinventarse a diario. Mi autopercepción de “estructurada” me limitó por mucho tiempo y me encerró en el cuadrado que yo misma me dibujé. Sin embargo, ahora trabajo día a día por revisar las cosas que me están funcionando y las que no. Me doy la oportunidad de tratar cosas nuevas que pueden o no ser mejores que lo que conozco, pero que me dejan la experiencia de haberlas probado y pueden fortalecer mis procesos.

Independientemente de dónde estés hoy, puedes empezar a construir lo que sueñas y mereces. Hay un concepto en economía que se denomina “costo hundido”. Se refiere a los costos en los que se ha incurrido con algún objetivo en particular y que no se pueden recuperar, incluso si nos arrepentimos y echamos marcha atrás. Para llegar al punto de la vida en el que estás seguramente has incurrido en costos (tiempo, dinero, relaciones, esfuerzo, lo que pinte). Y muchxs deciden seguir donde están porque “ya llevan mucho tiempo ahí” o “ya han dedicado x años a eso”… ¿Tiene sentido? Me suena a no querer comprar libros nuevos porque los que lo me gustaron los que compré. Lo hecho hecho está; no puedes cambiar el pasado pero si tomar las riendas de tu presente, decidiendo y aprovechando lo que hoy tienes en tus manos.

Observa sobre qué cosas no estás decidiendo y define pequeños pasos en esa línea. En la transmisión en vivo y como palabra de la semana, enfatizamos en los “saltos de fe” y en que estos no deben ser gigantes para acercarnos a dónde queremos estar. Es más, ir probando direcciones puede ser la mejor forma de calibrar nuestra brújula interna y tener mayor claridad para cuando demos saltos mayores.

¿Qué tanto aplico esto? Aún muy poco, pero lo tengo presente, me lo recuerdo a menudo.
¿Que si me desespero? Sí, muchas veces. Sin embargo, siento que con cada vez que me lo recuerdo, que me pregunto, que intento calibrar mi brújula, mi conexión conmigo y con el universo se aclara, se fortalece. Esa es el mejor incentivo para seguirlo intentando.

¡Ha hablado la energía! La versión de Taty

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Depositphotos

Once episodios publicados, muchas noches de ideación y destrucción de ideas, cerca de veinte entrevistas grabadas y una lista interminable de cosas de las que nos gustaría hablar son parte de los seis meses que hemos vivido desde que tomamos la decisión de construir nuestro podcast Adultez Verde.
En la primera pieza de las dos semanas especiales previstas para la introducción de la segunda temporada, Taty nos cuenta su versión de los hechos. ¿Cómo resume ella su experiencia y aprendizajes de la primera temporada? Pasión, retos y emoción la describen bastante bien.

Para estas semanas especiales, nuestro cómplice ha sido Donovan Rocester, editor general de Editorial Sabotaje, coeditor de Salto al Reverso y un amigo muy cercano. Al tener las primeras conversaciones sobre lo que queríamos transmitir en este periodo y en las entrevistas y transmisiones en vivo que se harían para ese fin, la primera analogía que se le ocurrió es que Taty y yo hacemos juntas un encendedor: ella es el combustible, la energía; y yo, la estructura. Sin el combustible, la estructura no es más que un cuerpo inerte y poco funcional. Sin la estructura, el combustible se puede desvanecer en solo un instante. No obstante, juntos, producen fuego de una forma dosificada, que garantiza su funcionamiento más prolongado.

Y, en efecto, así es. Los días en los que Taty llega con mil y una ideas maravillosas de lo que se podría hacer para mejorar y potenciar nuestro proyecto, yo sirvo de cable a tierra. Mis preguntas usuales incluyen: ¿Con qué objetivo lo haremos? ¿Cómo lo haremos? ¿Qué necesitamos alistar para que, de hacerlo, funcione de la forma que esperamos? Al contrario, los días en que yo me quedo atorada en la estructura y me frustro por buscar la perfección, ella me  repite que la excelencia no necesita de perfección; me recuerda por qué estamos haciendo lo que hacemos; me inspira a fluir mientras cumplo con los compromisos que este proyecto implica.

En el episodio y en la transmisión en vivo correspondientes a su perspectiva, nos propone tres ideas importantes:
Viraliza la vulnerabilidad: Para nosotras tampoco fue fácil. Aceptar cómo nos escuchamos y los niveles de dispersión con los que intervenimos en las entrevistas, son solo dos ejemplos de las múltiples autocríticas que nos hacemos día a día. Sin embargo, combinar nuestras personalidades nos dió el empuje necesario para lanzarnos y descubrir que ser vulnerable no es tan difícil. Todo lo contrario, puede ser gratamente liberador y enriquecedor.
Atrévete a actuar, incluso con miedo: Sí, lanzarnos a grabar nos costó, aprender sobre los programas y herramientas que debíamos utilizar y descubrir la mejor forma de trabajar juntas tampoco ha sido fácil. Pero si tenemos que elegir la parte que más nos “detuvo” fue publicar lo que estábamos haciendo, promocionar nuestro proyecto allí afuera, donde lo podían rechazar. Todo nos asustaba. Como escuché en una entrevista hace unos días, lo que generalmente nos detiene es tomarnos nuestro arte de forma muy personal. Pero los frutos de nuestra creación y de nuestro trabajo, más que protección y defensoría, necesitan de críticas y retroalimentación para mejorar, para pulirse y trascender.
Crea y sé comunidad con las personas que te rodean: Como hemos contado en innumerables ocasiones, este proyecto nació de una conversación profunda entre dos amigas que estaban pasando por crisis que tenían mucho en común y se nutre de conversaciones espontáneas con personas que conocemos y que se animan a contar su propia versión de los temas que consideramos valiosos. Pero recuerda, aún si no tuviéramos ninguna duda o experiencia en común, hay algo que nos une y que supera esas especificidades: todxs somos seres humanos.

Así que si no has visto todavía nuestro episodio “Primer acto . la versión de Taty”, te invito a verlo. Quien sabe y, a través de las confesiones allí expuestas, te puedes encontrar con espacios en tu vida en los que has tenido cambios de perspectiva, en los que has tenido que hacer rediseños diarios y en los que no te has atrevido a hacer mucho. Además, solo así entiendas mejor nuestro episodio de la siguiente semana 😉