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¡Ha hablado la energía! La versión de Taty

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Depositphotos

Once episodios publicados, muchas noches de ideación y destrucción de ideas, cerca de veinte entrevistas grabadas y una lista interminable de cosas de las que nos gustaría hablar son parte de los seis meses que hemos vivido desde que tomamos la decisión de construir nuestro podcast Adultez Verde.
En la primera pieza de las dos semanas especiales previstas para la introducción de la segunda temporada, Taty nos cuenta su versión de los hechos. ¿Cómo resume ella su experiencia y aprendizajes de la primera temporada? Pasión, retos y emoción la describen bastante bien.

Para estas semanas especiales, nuestro cómplice ha sido Donovan Rocester, editor general de Editorial Sabotaje, coeditor de Salto al Reverso y un amigo muy cercano. Al tener las primeras conversaciones sobre lo que queríamos transmitir en este periodo y en las entrevistas y transmisiones en vivo que se harían para ese fin, la primera analogía que se le ocurrió es que Taty y yo hacemos juntas un encendedor: ella es el combustible, la energía; y yo, la estructura. Sin el combustible, la estructura no es más que un cuerpo inerte y poco funcional. Sin la estructura, el combustible se puede desvanecer en solo un instante. No obstante, juntos, producen fuego de una forma dosificada, que garantiza su funcionamiento más prolongado.

Y, en efecto, así es. Los días en los que Taty llega con mil y una ideas maravillosas de lo que se podría hacer para mejorar y potenciar nuestro proyecto, yo sirvo de cable a tierra. Mis preguntas usuales incluyen: ¿Con qué objetivo lo haremos? ¿Cómo lo haremos? ¿Qué necesitamos alistar para que, de hacerlo, funcione de la forma que esperamos? Al contrario, los días en que yo me quedo atorada en la estructura y me frustro por buscar la perfección, ella me  repite que la excelencia no necesita de perfección; me recuerda por qué estamos haciendo lo que hacemos; me inspira a fluir mientras cumplo con los compromisos que este proyecto implica.

En el episodio y en la transmisión en vivo correspondientes a su perspectiva, nos propone tres ideas importantes:
Viraliza la vulnerabilidad: Para nosotras tampoco fue fácil. Aceptar cómo nos escuchamos y los niveles de dispersión con los que intervenimos en las entrevistas, son solo dos ejemplos de las múltiples autocríticas que nos hacemos día a día. Sin embargo, combinar nuestras personalidades nos dió el empuje necesario para lanzarnos y descubrir que ser vulnerable no es tan difícil. Todo lo contrario, puede ser gratamente liberador y enriquecedor.
Atrévete a actuar, incluso con miedo: Sí, lanzarnos a grabar nos costó, aprender sobre los programas y herramientas que debíamos utilizar y descubrir la mejor forma de trabajar juntas tampoco ha sido fácil. Pero si tenemos que elegir la parte que más nos “detuvo” fue publicar lo que estábamos haciendo, promocionar nuestro proyecto allí afuera, donde lo podían rechazar. Todo nos asustaba. Como escuché en una entrevista hace unos días, lo que generalmente nos detiene es tomarnos nuestro arte de forma muy personal. Pero los frutos de nuestra creación y de nuestro trabajo, más que protección y defensoría, necesitan de críticas y retroalimentación para mejorar, para pulirse y trascender.
Crea y sé comunidad con las personas que te rodean: Como hemos contado en innumerables ocasiones, este proyecto nació de una conversación profunda entre dos amigas que estaban pasando por crisis que tenían mucho en común y se nutre de conversaciones espontáneas con personas que conocemos y que se animan a contar su propia versión de los temas que consideramos valiosos. Pero recuerda, aún si no tuviéramos ninguna duda o experiencia en común, hay algo que nos une y que supera esas especificidades: todxs somos seres humanos.

Así que si no has visto todavía nuestro episodio “Primer acto . la versión de Taty”, te invito a verlo. Quien sabe y, a través de las confesiones allí expuestas, te puedes encontrar con espacios en tu vida en los que has tenido cambios de perspectiva, en los que has tenido que hacer rediseños diarios y en los que no te has atrevido a hacer mucho. Además, solo así entiendas mejor nuestro episodio de la siguiente semana 😉

¿Dónde estoy y qué me trajo aquí?

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿Te has sentido fuera de lugar en algún espacio importante de tu vida? ¿Te has preparado para estar donde estás pero, pese a todo, hay momentos en los que te paraliza el miedo y crees que todo va a salir mal?

Aunque no lo parezca, creer que somos lxs únicxs en esa situación es como pensar que somos lxs unicxs a quienes se les acelera el corazón cuando están frente a su “crush”. Y en el marco de esa analogía, el problema no es que se nos acelere el corazón —o que teníamos no estar a la.altura de algo—, sino que eso nos paralice.

En el episodio 9 de Adultez Verde: ¿Cómo lidiar con el síndrome del impostor? Conversamos con Wilter Vera sobre los miedos, dudas y aprendizajes en su camino profesional, incluso con la presencia de ese acompañante invisible pero universal: el miedo.



Como ya saben, a pesar de que mis áreas profesional y académica son a la que más tiempo y atención he dedicado, son también aquellas en la que más temores tengo.  Pensando en las razones detrás de esos miedos, con el reto y la transmisión en vivo de la semana, observé tres detonantes sobre los que quisiera profundizar:

– El primero, es el miedo a decepcionar(me). Resulta que, como muchas personas, crecí con el estereotipo de que la perfección no solo era posible, sino que era necesaria. Académicamente esto facilitaba las cosas, ya que mi única “misión” era implementar con ciertos estándares aquello que —de acuerdo con mis paradigmas— ya decía hacer: colegio, carrera de pregrado y postgrado. Hasta allí todo iba de maravilla. O eso creí. No obstante, este no fue el caso en la vida profesional. Dado que la estrategia de seguir un camino establecido desde el exterior me había funcionado antes, quise hacer lo mismo en este contexto: acepté trabajos por sugerencias, oportunidades y recomendaciones que surgían desde afuera. Lo que nadie me contó es que, eventualmente, al hacer eso me desconectaría de mi centro, de mi ser, de mi maestra interior infinita, de una manera tal que llegaría un día en el que no me reconocería a mi misma. No niego que tuve anuncios de lo que se avecinaba, pero estos tuvieron que ser cada vez más intensos hasta que fue imposible no ponerles atención. Para ese momento, se sintieron como una avalancha: pesada, inmovilizadora y asfixiante.

– El segundo es el miedo a “replicar”. En algunos espacios he compartido que tengo algo que aún me supera: ese sentido de rebelión que —observando con más cuidado— parece surgir, precisamente, de esas estructuras auto-impuestas. Al estar tan restringida, mi subconsciente no permite más imposiciones. Eso ha generado que, como repuesta a las expectativas externas, reaccione de forma instintiva y rechace cosas como la estabilidad, mejores remuneraciones, mayor exposición, entre otras cosas que he creído se esperaban de mí. El problema aquí es que mi ser y mi luz merecen ser compartidos, brillar… eso tampoco se podía seguir conteniendo. Y aunque no sé bien todavía cómo hacerlo, luego del golpe y la confusión propias de la avalancha recibida, me siento agradecida por tener una mejor idea de hacia dónde avanzar en esta línea.

– El tercero es el miedo a fallar. Tras toda una vida de seguir el libreto de ser la mejor en lo que hiciera, de entrenar y reforzar ese sentido de competencia, llegó el día en que me choqué con que eso no siempre sería posible. Y no solo eso, más adelante entendí también que aquello era saludable, que me hacía bien. Que reconocerme humana, imperfecta y limitada era parte de mi perfección e infinidad. Que ahí radicaba mi poder. Gracias a eso, hace unos meses por fin reparé que el priorizar las cosas en las que pongo mi atención y mi energía. Gracias a eso me he permitido fluir un poco más, sentirme más en libertad. Tampoco sé cómo se “hace” esto, o cuál es el camino adecuado para potenciar ese poder pero creo que escuchar a mi intuición —en lugar de a mis paradigmas— y permitirme fallar son unos grandiosos primeros pasos.

Retomando lo comentado en nuestro episodio, los héroes y las heroínas de la historia también tienen miedo, pero este no es paralizante sino un simple acompañante. Y en línea con las conclusiones del mismo, quizá tener miedo no sea tan malo: a veces es lo único que logra mantenernos a salvo.

¿Y donde estoy ahora? Tratando reconocer mis miedos, sentarme a conversar con ellos, saber que me acompañarán y observar cómo he reaccionado ante ellos. Se siente como una prueba de ensayo y error infinita. Se siente como un retiro intensivo con mi humanidad. Se siente real-mente bien.

¿Tienes idea de dónde estás en este proceso?