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Las relaciones como espejos

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿Cómo me veo a través de lxs demás? 🔎👓

Un espejo muestra reflejos; emana una imagen que no es suya sino de quién se le pone la frente. De la misma manera, quienes te rodean te muestran lo que eres, haces o tienes, sin importar si sabías de su existencia o si te gusta verlo.

Las relaciones de pareja hacen eso: nos “enfrentan” con nosotrxs mismxs de formas y a niveles que no experimentamos tan fácilmente en otros ámbitos, con el potencial de ayudarnos a evolucionar en el proceso. ¿Qué tanto aprovechas eso? Pues depende de tu apertura a lo que la vida tiene para compartirte a través de estos y otros cómplices.

Eso y más, en nuestro episodio 11: “Relaciones como espejos”, con Ile Miranda.

La analogía de la vida como un videojuego me encanta. Siento que hay “pruebas” o aprendizajes que se nos asignan en cada nivel y que, mientras no descubramos nuestra propia estrategia para superar ese nivel, nos tocará repetirlo ad infinitum. Una vez que descubrimos dicha estrategia, nos encontramos en el siguiente nivel con nuevos aprendizajes y retos que funcionan bajo la misma mecánica de los anteriores.

En ese proceso, la vida (el Universo, Dios, etc.) nos deja ayudas “sutiles” en el camino; algo así como el pasadizo “secreto” de Mario Bross que lo conduce hacia la habitación de moneditas. Estas ayudas se pueden aprovechar para ganar puntos o sumar “vidas”; para acelerar los aprendizajes que tenemos en marcha.

Durante nuestra transmisión en vivo y en la producción del consejo no pedido de la semana, Taty y yo coincidimos sobre la idea de que las relaciones con todos los seres de la naturaleza tienen este potencial. No obstante, mientras su experiencia le dice que las enseñanzas de las relaciones de pareja se pueden adquirir con la misma “facilidad” en otros contextos (familia, amigxs, colegas, etc.), yo las he vivido como un curso intensivo, como un fin de semana largo (con día festivo), que combina una pésima conexión a internet y un decreto de cuarentena obligatoria en el que no tienes opción sino desempolvar tus videojuegos y practicar.

Y como todo lo que vivimos se percibe desde el filtro que le ponemos, tanto el fin de semana de encierro como nuestras relaciones pueden tomarse como algo lamentable, fruto de nuestra pésima fortuna, o podrían aprovecharse como la grandiosa oportunidad que representan. No es fácil ver recordar que el exterior solamente refleja nuestro interior cuando nos enoja algo de nuestra pareja (o contraparte de cualquier tipo), cuando perdemos la paciencia por algo que no deja de repetirse o cuando lo que hacen desde afuera nos lastima. Sin embargo, siempre tenemos esa perspectiva como opción. Una opción que puede darle un poco más de colores a la vida, paz a las turbulencias y propósito a nuestro contexto. 

Para finalizar, les dejo las conclusiones de la semana:

1) Tus relaciones son un regalo ¡Aprovéchalas! 

2) Tus relaciones reflejan tus necesidades de aprendizaje, si hay algo de estas que no te funciona, ¡Obsérvate!

3) Tus relaciones reflejan tu propia evolución ¡Celébralas!

¡Hasta la próxima!

¡Ha hablado la energía! La versión de Taty

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Depositphotos

Once episodios publicados, muchas noches de ideación y destrucción de ideas, cerca de veinte entrevistas grabadas y una lista interminable de cosas de las que nos gustaría hablar son parte de los seis meses que hemos vivido desde que tomamos la decisión de construir nuestro podcast Adultez Verde.
En la primera pieza de las dos semanas especiales previstas para la introducción de la segunda temporada, Taty nos cuenta su versión de los hechos. ¿Cómo resume ella su experiencia y aprendizajes de la primera temporada? Pasión, retos y emoción la describen bastante bien.

Para estas semanas especiales, nuestro cómplice ha sido Donovan Rocester, editor general de Editorial Sabotaje, coeditor de Salto al Reverso y un amigo muy cercano. Al tener las primeras conversaciones sobre lo que queríamos transmitir en este periodo y en las entrevistas y transmisiones en vivo que se harían para ese fin, la primera analogía que se le ocurrió es que Taty y yo hacemos juntas un encendedor: ella es el combustible, la energía; y yo, la estructura. Sin el combustible, la estructura no es más que un cuerpo inerte y poco funcional. Sin la estructura, el combustible se puede desvanecer en solo un instante. No obstante, juntos, producen fuego de una forma dosificada, que garantiza su funcionamiento más prolongado.

Y, en efecto, así es. Los días en los que Taty llega con mil y una ideas maravillosas de lo que se podría hacer para mejorar y potenciar nuestro proyecto, yo sirvo de cable a tierra. Mis preguntas usuales incluyen: ¿Con qué objetivo lo haremos? ¿Cómo lo haremos? ¿Qué necesitamos alistar para que, de hacerlo, funcione de la forma que esperamos? Al contrario, los días en que yo me quedo atorada en la estructura y me frustro por buscar la perfección, ella me  repite que la excelencia no necesita de perfección; me recuerda por qué estamos haciendo lo que hacemos; me inspira a fluir mientras cumplo con los compromisos que este proyecto implica.

En el episodio y en la transmisión en vivo correspondientes a su perspectiva, nos propone tres ideas importantes:
Viraliza la vulnerabilidad: Para nosotras tampoco fue fácil. Aceptar cómo nos escuchamos y los niveles de dispersión con los que intervenimos en las entrevistas, son solo dos ejemplos de las múltiples autocríticas que nos hacemos día a día. Sin embargo, combinar nuestras personalidades nos dió el empuje necesario para lanzarnos y descubrir que ser vulnerable no es tan difícil. Todo lo contrario, puede ser gratamente liberador y enriquecedor.
Atrévete a actuar, incluso con miedo: Sí, lanzarnos a grabar nos costó, aprender sobre los programas y herramientas que debíamos utilizar y descubrir la mejor forma de trabajar juntas tampoco ha sido fácil. Pero si tenemos que elegir la parte que más nos “detuvo” fue publicar lo que estábamos haciendo, promocionar nuestro proyecto allí afuera, donde lo podían rechazar. Todo nos asustaba. Como escuché en una entrevista hace unos días, lo que generalmente nos detiene es tomarnos nuestro arte de forma muy personal. Pero los frutos de nuestra creación y de nuestro trabajo, más que protección y defensoría, necesitan de críticas y retroalimentación para mejorar, para pulirse y trascender.
Crea y sé comunidad con las personas que te rodean: Como hemos contado en innumerables ocasiones, este proyecto nació de una conversación profunda entre dos amigas que estaban pasando por crisis que tenían mucho en común y se nutre de conversaciones espontáneas con personas que conocemos y que se animan a contar su propia versión de los temas que consideramos valiosos. Pero recuerda, aún si no tuviéramos ninguna duda o experiencia en común, hay algo que nos une y que supera esas especificidades: todxs somos seres humanos.

Así que si no has visto todavía nuestro episodio “Primer acto . la versión de Taty”, te invito a verlo. Quien sabe y, a través de las confesiones allí expuestas, te puedes encontrar con espacios en tu vida en los que has tenido cambios de perspectiva, en los que has tenido que hacer rediseños diarios y en los que no te has atrevido a hacer mucho. Además, solo así entiendas mejor nuestro episodio de la siguiente semana 😉

Cuando me dejé sorprender

Originalmente publicado en Salto al Reverso

Fotografía: Klelia Guerrero García

Muchas veces me pregunté
si realmente llegaría
algo que me sacaría
del espacio al que me adapté
—al que luego incluso me até—.
Después de tanto, dudaba
llegar a ser desarmada
de las capas que vestía
aun cuando me entristecía
la soledad que implicaba.

Estaba atenta y decía
“vida, te invito a sorprender”
pero al ver aquello pender
de un hilo: mi valentía,
mi ilusión se reducía.
Y seguía el descontento
con intento tras intento
en los que el patrón repetía…
Algo adentro se sentía
sin ser visible el obtento.

Tanto se movió, de a poco,
hasta que al fin llegó el día
en que yo me lanzaría
sin temores ni sofoco,
sin pensar “¿si me equivoco?”
Cuando me dejé sorprender
no quise más detener
la fuerza con que vivía,
familiar a la que veía
en Lucas y su radiante ser.

EMPATÍA Y REDES SOCIALES

Desde el auge de la era digital, y en la actualidad, potenciados por la pandemia, las relaciones humanas tienen gran parte de ser dentro del mundo de los datos, de la virtualidad, de las redes sociales. El lenguaje se ha movilizado al interior de la marea de los mensajes instantáneos, e incluso las interpretaciones, a través de la manera en que está escrito el mensaje, podrían ser, si no una evolución de la forma de comunicarse, una ampliación de las habilidades lingüísticas y sociales. Sin embargo, dentro del fenómeno comunicativo que representa esta virtualidad, es probable que la empatía se vea también afectada.

Es sencillo e incluso lógico el sentir empatía por las personas pertenecientes al círculo social que uno deambula, por las personas con las que se mantiene una relación directa, cotidiana, aquellas con las que se han establecido lazos afectivos y, por ende, empáticos. Pero la complicación se vuelve un tanto más evidente cuando se habla de personas ajenas a la cotidianidad que se frecuenta, desconocidos con los que no se tiene mayor relación que el simple hecho de ser humanos y compartir especie.

Nada facilita más el sentir empatía que el estímulo visual; la empatía, en gran parte, ingresa por los ojos, cuando se presencian los estragos del mal que el otro lleva a sus espaldas, cuando se visualiza ese sentir expresado en rostros nada alegres. Y en las relaciones digitales, el estímulo visual es un elemento faltante. No es raro encontrarse en redes sociales como Facebook, comentarios en donde priman los insultos, en donde se atacan mutuamente sin siquiera conocerse, sin temer herir a la persona que está detrás de la pantalla; no se pueden observar los gestos faciales ni las expresiones corporales, se es incapaz de identificar si la otra persona resultó o no herida por el comentario realizado; las microexpresiones, que forman una parte importante de la interpretación lingüística, a través de las que se entiende -aunque sea de manera inconsciente- el sentir de la persona dentro de un ámbito social, quedan abolidas en el relacionarse digital. Ya no se percibe al otro como un ser sintiente, como individuo capaz de percibir también la realidad a través de los sentidos, se ignora su estatus de semejante, se lo transforma en usuario, un ente desprovisto de emociones y de voz; lo único que se observa son líneas de textos emitidas por nombres sin ningún significado detrás. Simples usuarios, simples datos.

¿Se comportarían así fuera del ámbito de la virtualidad? ¿Se extrapolaría esta conducta anti-empática a las relaciones sociales cotidianas? Al estar frente a la persona, el estímulo visual activaría la empatía al observar las expresiones, al escuchar el tono de voz, al percibir las emociones del otro. Pero ¿Qué sucedería si esta empatía queda anulada por largo tiempo? Afortunadamente, no lo sabríamos; desafortunadamente, nos consumiría un mundo digital en donde las relaciones tendrían lugar en mayor medida dentro de la virtualidad, y, fuera de ella, la postura anti-empática se mantendría como la norma.

¿Y si es más simple?

Publicado originalmente en Salto al Reverso

Fotografía: Guisella García Bacilio

¿Y si en lugar de acelerar,
de dudar, de exasperarnos,
de engañar y autoengañarnos,
nos permitimos explorar
y con nuestro ser conectar?
¿Y si en vez de limitarnos
y, a veces, aferrarnos
a expectativas sin cesar
y la disrupción evitar,
decidimos arriesgarnos?

Porque eso de complicarnos,
de hacernos esperar
y nuestros sueños aplazar
más allá de relegarnos,
de nuestra esencia alejarnos,
tal vez se puede mejorar
al optar por simplificar
y transparentes mostrarnos.
No es fácil sincerarnos,
pero mucha paz nos va a dar…

Tal vez ayude recordar
que “perfectxs” procurarnos
para salir y lanzarnos
equivale a supeditar
nuestra decisión de comprar
a una lotería ganarnos;
incluso, tras enterarnos,
de que en cuotas nos va a llegar
—cada instante, al respirar—.
¿Tiene sentido privarnos?

Ganando perspectiva desde las montañas

Publicado originalmente en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿De qué disfrutamos?

Los pasatiempos: algunos duran muy poco y se convierten en memorias antes de que nos demos cuenta; otros, aún con una entrada aparentemente inofensiva, van ganando terreno en nuestras vidas y llegan para quedarse. No importa si se quedan o se van, normalmente nos dejan “regalos” que no estaban en el contrato (la decisión de practicarlos). Es decir, nos muestran versiones de nosotras/os que no conocíamos o nos enseñan a desarrollar cualidades que no se nos dan tan fácilmente.

Por esto, el episodio 4 de Adultez Verde: Ganando perspectiva desde las montañas, conversamos con Carlos Trujillo para rendir tributo a las sorpresas y enseñanzas que nos han dejado tan curiosos personajes.



Era “oficialmente” feriado nacional, pero me desperté temprano porque tenía un pendiente de trabajo que, pese a parecer corto, se dilató y me invadió el fin de semana. Esto, para completar una semana en la que, con el fin de definir o implementar estrategias alrededor del podcast, pasé más tiempo del que acostumbro frente a una pantalla. De cualquier modo, llegó el sábado y con ello una visita. Así que más allá de los pendientes decidí desconectarme y proponer un paseo en el campo. Aquí un par de comentarios sobre mi propia y más reciente experiencia con los pasatiempos y las montañas, y la nuevas perspectiva que me dio sobre las conclusiones expuestas tanto en el episodio como en nuestra transmisión en vivo:

Los hobbies pueden ayudarte a conocer gente nueva y diversa
Si, es cierto. Los pasatiempos ayudan a permear ese filtro “burbuja” que las redes sociales tanto físicas como digitales causan al reforzar únicamente la práctica de lo que ya sabemos que nos gusta. No obstante, este razonamiento también funciona al revés: rodearnos de diversidad y tratar activamente de conocer personas fuera de esa burbuja puede acercarnos a nuevas posibilidades, perspectivas y actividades; puede actuar como un recordatorio orgánico de la riqueza que ofrece el probar(nos) en espacios que están fuera de nuestra zona cómoda. En nuestro caso, sin planearlo, cuatro personas con diferencias de orígen y residencia, edad y preferencias, que no se conocían más allá de intercambios muy puntuales, decidieron juntarase y ser parte de la salida.

También regalan dosis de humildad, nos recuerdan lo mucho que tenemos por mejorar y soltar
Soy estructurada para algunas cosas, y me gusta la “claridad” —concepto en el que, a veces, incluyo la ilusion de control— sobre cómo será mi día, a qué le dedicaré tiempo o cuál es el proceso que seguiré en torno a cualquier objetivo. Esta vez, al estar ocupada con el trabajo, decidí transferir la responsabilidad de la organización. Lanzarme a ser parte de algo planificado por alguien más, sin tener idea alguna de qué incluiría y, por tanto, sin saber cómo prepararme para ello —¿debía llevar traje de baño? ¿Habría comida? ¿Necesitaríamos pagar entrada?— no es lo que acostumbro, pero me lo permití. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Fue un ejercicio pequeño pero no menos valioso para soltar un poco esa necesidad de control, para fluir y aprovechar el contexto con lo que viene, con gran potencial si se logra extrapolar conscientemente a otras situaciones. Y es que esa sensación de cualquier control se reafirmó como ilusoria cuando, pese a que no todas/os querían bañarse en el río para evitar el frío, su “decisión” solo fue válida hasta que el clima se decidió por la lluvia y nos empapó en el camino de regreso hasta el auto (30 minutos aproximadamente).

La clave es encontrar tu propio ritmo y disfrutar con quienes te acompañan, como en la vida
Nuestra condición física y el nivel experiencia en terrenos retadores como ese, eran distintos. Nuestras expectativas sobre cómo sería el día y nuestra apreciación de la naturaleza muy probablemente también diferían. En consecuencia, cada uno eligió el ritmo al que ir, la profundidad del agua en la que nadar, el número de fotos que quiso capturar, la cantidad de agua que llevar… Respetar la individualidad, mientras se mantiene la empatía de grupo, de estar alertas y dispuestas/os a ofrecer nuestra ayuda si alguien más está en problemas es un enfoque con gran valor para aprovechar mejor nuestra existencia.

Quizás nada de esto te resulte nuevo pero creo que, en conjunto, conlleva un recordatorio poderoso: la invitación a explorar, no solo a través del hacer como resultado, sino también de la forma de hacer; con curiosidad genuina sobre lo que hay afuera y con apertura y versatilidad, a la aventura.

¿Nos dejamos sorprender?

Viendo(nos) con otros ojos

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía; Klelia Guerrero García

¿Cómo nos vemos?

Si has usado lentes, seguro coincides con nosotras en que estos pueden ser de mucha ayuda o un gran impedimento (como cuando se empañan al beber algo caliente o al usarlo junto con la mascarilla 🙄). Si no los has usado, estas últimas situaciones se parecen a cuando tratas de ver a través de ventanas sucias, empañadas o mojadas. Asimismo, la perspectiva con la que nos vemos puede marcar la diferencia en nuestra autodefinición y en cómo nos mostramos al mundo. Por esto, en el episodio 3: Viéndo(nos) con otros ojos, conversamos con Samuel Cartaya, experto en musicoterapia, sobre la introspección.



Como cada jueves, Taty y yo nos conectamos a nuestra transmisión semanal en vivo. No obstante, esta vez, teníamos un elemento nuevo: un juego de cartas que propone preguntas que promueven la introspección. Este “juego” se deriva de un proyecto alrededor de la construcción consciente de vínculos y conexiones profundas. Para lograrlo, las preguntas ayudan a observar y compartir sobre temas poco comunes desde tres niveles. El primero es la percepción, es decir, revisa las impresiones que tenemos de los demás o que los demás tienen de nosotros. El segundo es un poco más profundo, se trata de la conexión entre los jugadores: busca compartir características, ideas y emociones sobre las cuales se puede coincidir. El tercer nivel es la reflexión, que me resulta muy interesante porque conecta con las conclusiones de nuestro tercer episodio y con mis observaciones personales de la semana.

La palabra reflexión puede tomarse de varias formas, dos de ellas son: reflejar y meditar. En cuanto a la primera, estas cartas —y los procesos de introspección, en general— nos permiten observar cómo lo que vemos en los demás es, en realidad, muestra de lo que somos y tenemos. Un ejemplo es cuando las características o acciones de otros nos afectan, y llega el momento “ajá” en el que notamos que hacemos exactamente eso que nos molesta. Otro, cuando admiramos y felicitamos lo que vemos en otro, ya que eso solo es posible si nosotros (re)conocemos la belleza y/o el potencial de dicha característica.

La segunda, podría definirse como lo que hacemos a partir de la “observación”. Una analogía simple pero que puede resultar interesante proviene de la frase: “el césped del vecino siempre luce más verde”. ¿Qué hago con eso? ¿Le pregunto a mi vecino sobre la variedad que sembró o si tiene recomendaciones sobre cómo cuidarlo? ¿Contrato a alguien para que me ayude a cuidarlo? ¿Vivo enojada/o con la vida porque creo que la situación es injusta pero no hago mucho para cambiarla? ¿Me desánimo por el resultado y dejó de cuidar mi césped?

Puede sonar exagerado, pero esas son las actitudes que tomamos sobre ciertas situaciones —en particular las que nos son más importantes— . Y es allí donde entra la meditación: parar, observar, decidir, actuar. Quizás, sin importar el tiempo o cuidado que le dedique a mi césped, nunca va a lucir como el de mi vecino. Sin embargo, una meditación real nos puede mostrar que no es necesario que sea así, y que el hecho de que dos patios conjuntos estén bien cuidados da más beneficios al barrio de los que cada dueño “recibe” individualmente.


En resumen, este episodio es una invitación a que estemos abiertas/os a redescubrir nuevas formas de vernos y de ver el mundo para que, sin importar el verdor de nuestro césped —la etapa en la que estemos—, apreciemos nuestro ser en todo su esplendor y valoremos nuestra unicidad, mientras contribuimos a alegrar el barrio.

Nada es tan grave

Publicado originalmente en Salto al Reverso

Fotografía: Klelia Guerrero García

Confieso que tengo días
en los que me pongo esquiva
aunque mi intuición se aviva.
Reducen mis energías
y, pese a las alegrías
que recibiré al compartir,
me es más fácil reducir
aquellas interacciones
que dan las conversaciones
en las que he de intervenir.

Es que al ser introvertida
me resulta atractivo
escuchar, en rol pasivo,
lo que el hablante convida…
¡es seguro salvavida!
Mas esa actitud impide
e incluso hace que olvide
que, según la perspectiva,
es grande o chica la oliva:
¡y así el miedo que se mide!

Como un viaje me enseñara,
el compartir nuestra historia
—esa pérdida o victoria—
sería puente y no mampara
si la escucha acompañara.
Y así, tras el grande cielo
que nos envuelve en el vuelo
veríamos también el ave,
que dice: “nada es tan grave”.

Migrando ando: localidad y pertenencia

Originalmente publicado en Recurriendo a la locura para mantener la cordura

Fotografía: Klelia Guerrero García

¿De dónde eres?

Normalmente, esa pregunta es parte de las primeras interacciones entre dos personas. Sin embargo, aunque así lo parezca, la respuesta no siempre es tan obvia, especialmente con la concepción cada vez más globalizada de la vida. Tanto para Tatiana como para mí, las experiencias migratorias asociadas con oportunidades académicas, profesionales y personales, representan huellas decisorias sobre quienes somos hoy. Eso es, precisamente, lo que quisimos compartir a través del segundo episodio de Adultez Verde: “Migrando ando: localidad y pertenencia”.



Era una noche de jueves, el tercero de marzo de 2021. En la transmisión en vivo para la promoción de nuestro segundo episodio, contamos algunas anécdotas adicionales de nuestras etapas como migrantes. Aprovechamos también para recapitular algunas de las conclusiones a las que llegamos en esa conversación con Marge García, nuestra invitada, entre ellas: la importancia de reconocer que migrar conlleva tanto costos como recompensas, a menudo mayores a los previstos; el valor de la apertura para aprovechar las enseñanzas que las diferencias culturales y de contexto nos pueden ofrecer; y, la dosis de humildad que puede regalarnos el estar solos en situaciones desconocidas.

Tras la grabación me dispuse a salir, pues tenía una invitación a cenar aprovechando mi visita a la capital. Llegó, entonces, José Arsenio, el conductor de Uber asignado para el viaje. Como siempre, tomé el asiento del copiloto y empezamos a conversar sobre cómo estuvo nuestro día y de dónde provenía nuestro acento, ya que ninguno de los dos sonaba quiteño. Aquí un poco de su historia: originario de Baños, oficial retirado de la milicia que vivió en Quevedo y Latacunga mientras estaba activo, y migró a Londres tras la crisis económica, financiera y social que enfrentó Ecuador desde 1998. Para dar un poco de contexto, esa crisis nacional significó que los ahorros de cientos de miles de familias se vieran atrapados en el sistema bancario y licuados en valor, dado el proceso que devaluó nuestra moneda oficial previa en aproximadamente 400% durante ese año y dio paso a la dolarización de nuestra economía.

Mi curiosidad seguía creciendo, así que hice un par de preguntas adicionales: ¿Qué dejó atrás al momento de partir? ¿Cómo y en cuánto tiempo logró adaptarse —puesto que tenía más de cuarenta años de edad y cero conocimientos de inglés al migrar—? ¿Qué lo hizo volver? Más allá de sus respuestas, su historia me regaló un nuevo elemento para la narrativa sobre la migración: las migraciones forzadas pueden representar situaciones más crueles de la que podemos imaginar, por lo que requieren no solo de nuestra empatía, sino de nuestra acción.


Más tarde, una conversación con quien disfruté de la cena a la que me dirigía, agregó otro elemento: “nuestro país (Colombia) tiene rabo de paja en este asunto; hemos migrado tanto y a tantos países, que no podemos pensar siquiera en negar la entrada a alguien en necesidad”. ¡Qué hermoso sería que, como sociedad, mantengamos en la memoria aquellos momentos críticos, en los que también los nuestros tuvieron que moverse! La migración no es un fenómeno nuevo y su “expectativa de vida” se ve acotada solo por nuestra existencia. Si bien puede generar retos sociales asociados con la capacidad de recepción de los países de destino, es muy probable que no haya país alguno sin rabo de paja en el tema, por lo que estar de un lado u otro de la moneda es solo cuestión de tiempo.

Sin mayor sustento técnico, me atrevo a afirmar que la migración es imperativa para nuestra evolución e integración, como personas, sociedades e incluso como civilización. Recurro, entonces, a una de las ideas mencionadas en nuestro episodio: más allá de las lecciones de geografía que nos dieron en la escuela, la vida —y, particularmente, estos tiempos de pandemia— nos está recordando que somos una sola familia (la humanidad) y que habitamos en la misma casa (el planeta Tierra). Actuemos en consecuencia.