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¿Qué soy?

¿Qué soy yo detenida sobre una vereda en el tiempo?

¿Qué soy yo buscando afecto?

¿Qué es el tiempo?

¿Es esta alma curada de tanto caldero,

sin brujería?

¿Es esto que revolotea,

que no lleva cuentas de lluvias

y desconoce hace cuanto fue la última vez

que le rompieron las alas?

vuelve el tiempo

Año 2018. 

Tal vez, hoy escriba demasiado o me permita morir un rato frente al espejo. He puesto en  bandeja de plata mi inconstancia, mis intentos, mis defectos, mi arrogancia; para que los saboreen tres segundos mientras mi debilidad emocional está en marcha. Yo desde abajo: sentada, escuchando a unos zapatos sobre la tierra correr y huir me digo:  “debería reprocharles o agradecerles, pero debería hacer algo”.

Hace cuatro años estaba loca, y hoy me desvanezco frente a mis poemas, y escupo tres veces sobre una pantalla de vida virtual, de inexistente calma; entre tanta mierda. Tengo mis manos y una costilla sangrando. Solamente quiero llegar y descansar, llegar a algún lugar para luego alzar la cabeza y seguir dando pasos, seguir atormentando cerebros heridos, marchitos, y seguir en mi desnudez que tanto aturde, que desbarata, indomable, y nunca más escapar.

Naturaleza cíclica

Encontró la carta mientras caminaba por un sendero pedregoso en donde las yerbas crecían bajas y escasas. Era un papel de bordes dorados, pálido y escrito a mano, una rareza que no se consentía en sus tiempos de escritos automáticos y máquinas colaboradoras. Lo tomó con aprensión y lo desenrolló haciendo una pinza con sus dedos mecánicos. Era de una caligrafía inigualable. Se leía:

“He pensado constantemente en el sentido de aquel simbolismo, en esa figura inanimada que lucía más viva que todo ser dotado de movimiento en nuestra tierra. Es, sin duda, una imagen esclarecedora, capaz de transmitirlo todo con el simple hecho de ser vista. Es una pena que se haya estropeado. O que la hayan estropeado. Pero la vi, y la duda queda. De todas formas, estoy ya demasiado viejo para responderla, supongo que mi búsqueda muere en estas anotaciones que espero algún día lleguen a las manos adecuadas.

Con amor:

Leonardo R.J”

Dobló el papel y lo guardó entre las páginas del libro abierto sobre su escritorio, diciéndose que ese sería el prólogo de lo que él consideraría su obra final. Lo cerró. Se mantuvo con la mano sobre el mentón, pensando acerca de aquella curiosidad que tanto le atañía: ¿No es acaso todo un ciclo? Es la manera en que todo funciona, mediante la existencia cíclica. Lo vemos en el ciclo de la vida, en el ciclo del agua, en el ciclo de elementos químicos como el carbono y el fósforo, en el ciclo de las estrellas y de los cometas. Naturaleza cíclica.

Se sacudió los pelos canos y salió de la oficina con su chaqueta puesta encima.

No fue hasta que estuvo en la biblioteca de la Universidad, cerca de los jardines, que se encontró con el curioso cuaderno metálico que era llevado por el viento. La letra era mecánica, y en él se leía:

“Siempre me alegran los mensajes que con curiosidad analizan la estructura de nuestro mundo. Es una tarea tan agotante y placentera a la vez. En esta ocasión, me ha llegado de casualidad una extraña carta que me ha recordado esos días de incógnita sobre la realidad de nuestra existencia: la naturaleza cíclica. Sin embargo, a pesar de ser ahora conocedores de aquel sistema infinito que es nuestro existir, es irrelevante respecto a lo que hacemos con él, pues nuestro presente es eterno.

De todas formas, la mayor incógnita ahora es el saber el enlace entre esos ciclos, si se limita a nosotros o lo engloba todo: material e inmaterial. Estoy seguro de que en unos años me será resuelta también esa duda.

Con amor:

Casimir O.P”

Cerró el cuaderno y lo depositó en el suelo junto a la hoja desgastada.

Puso su mano en el mentón y se detuvo a pensar en la imposibilidad de la comunicación intercíclica, de la conexión entre dos existencias distintas.

Volviendo al presente, depositó el cuaderno en el suelo y continuó su camino hacia la biblioteca de la Universidad.